Al enfrentarme hoy a este intento de analizar mi poesía, no puedo evitar el ver toda mi obra como algo accidental. Esta circunstancia, presente desde el primero de mis poemas, imprime en mi poética el carácter de provisional o transitoria.
Casi cuarenta años de fiel convivencia con la poesía y todavía mí respuesta se diversifica en estilos y tendencias diferentes.
Sin objetivos claros ni determinados. Sin buscar rupturas deliberadas, ni pretender ser espejo de contraste. Mi actitud poética me ha conducido hasta el convencimiento personal de que toda realidad puede ser enriquecida al abordarla con nuevas técnicas, siempre que el rigor y la honradez estén presentes en todo el proceso del acto creativo.
Tengo muy claro que el ejercer de poeta no es consecuencia de la inspiración, ni tampoco de una aventura estética. La poesía (en mí) es un hecho intrínseco, inmanente, esencial y necesario. Es también un continuo aprendizaje, atento siempre a la realidad inmediata y abierto a todas las teorías, a todas las corrientes.
La comunicación cada vez más directa y los continuos conflictos con la realidad, hacen que el lenguaje se mantenga vivo innovándose. Evoluciona la imagen, se descubren nuevas posibilidades expresivas, nuevos significados, nuevos tipos de relaciones que renuevan y comunican otros contenidos. El acto de fusión de diversas disciplinas enriquece mi obra y por propia evolución y convencimiento me libero de estructuras literarias y ciertos rigores ortodoxos.
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